Julio, mes de la Preciosísima Sangre de Cristo- Día 22

La Sangre Preciosísima de Jesucristo enriquece al alma con todas las virtudes

ALABANZAS A LA SANGRE DE CRISTO

Jesús, autor de nuestra salvación. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!
Jesús, que diste tu Sangre en precio de nuestro rescate.¡Bendita es tú Sangre preciosa !
Jesús, cuya Sangre nos reconcilia con Dios.¡Bendita es tú Sangre Preciosa !
Jesús, que con tu Sangre nos purificas a todo. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!
Jesús, que con tu Sangre limpias culpas. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!
Jesús, por cuya Sangre tenemos acceso a Dios.¡Bendita es tú Sangre Preciosa!
Jesús, que nos das tú Espíritu cuando bebemos tú Sangre. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!
Jesús, con cuya Sangre pregustamos las delicias del cielo. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!
Jesús, que con tú Sangre fortaleces nuestra debilidad. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!
Jesús, que nos das tú Sangre en la Eucaristía. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!
Jesús, cuya Sangre es prenda del banquete eterno. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!
Jesús, que nos vistes con tú Sangre como traje del Reino. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!
Jesús, cuya Sangre proclama nuestro valor ante Dios. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!
Oración.
Jesús, Salvador nuestro, presenta al Padre Tú Sangre que, en virtud de Espíritu Santo, derramaste por nuestro amor. Purificados de nuestros pecados en el baño de esa sangre sagrada, esperamos alcanzar por ella la gracia de las gracias: nuestra salvación eterna. Así sea.
Autor: Padre Pedro García, Claretiano
I. Formado el Paraíso terrenal por la mano Omnipotente de Dios para ser dichosa morada de nuestros primeros padres en el estado de la inocencia, contenía las fuentes abundantes de cuatro ríos que se extendían sobre toda la tierra.
Y ¿cuál era el sentido simbólico de estos ríos sino las Llagas Sagradas de Jesús? De estas Llagas se derivan, como de una fuente, todas las gracias que se derraman en las almas con la Sangre Preciosa que de ellas corre.
Observad a Santa Gertrudis en sus admirables éxtasis; parécele que de las Llagas Santísimas de Jesús salía, cual caudalosos ríos, la Sangre divina que fertilizaba los campos de la Iglesia; de donde resulta que todas las virtudes que adornan a las almas deben recibir su esplendor y su vida de esta Sangre adorable, para ser meritorias de la vida eterna.
Y efectivamente, ¿cómo el alma podría merecer, si Jesús no hubiese derramado su Sangre? ¿Cómo formar un buen pensamiento, cómo invocar el Nombre Santísimo de Jesús, cómo observar la santísima ley divina, si no estuviese esta Sangre para vivificar y animar todas nuestras buenas acciones?
Nuestras oraciones no subirían al Cielo ni serían aceptadas; nuestras obras de misericordia no serían meritorias, sin la virtud de esta Sangre de propiciación: al modo que el sol comunica su luz con todos sus resplandores a la tierra toda, que sin él no sería sino tinieblas, así las almas, faltas de esta Sangre de luz eterna, permanecerían en la obscuridad y en la insuficiencia de merecer. ¡Oh eficacia admirable de esta Preciosísima Sangre!

II. Para cerciorarnos de esta verdad en su principio mismo, debemos considerar atentamente cuán débil es naturalmente el hombre para la práctica de las virtudes; su debilidad es tal, que no le permite concebir y desear, y mucho menos practicar por sí mismo ninguna virtud meritoria de la vida eterna sin el auxilio de la gracia. Y esta gracia de practicar el bien ¿de dónde procede sino de los méritos de esta Sangre Sagrada que ha derramado Jesús?
Esto hacía decir a Jesús, dirigiéndose a Santa Teresa: «te doy mi Sangre»: queriendo decir que con esta Sangre la daba todos los bienes y que podía con este oro precioso enriquecer su alma con todas las virtudes.
Por esta Sangre la humildad tiene el mérito de ser ensalzada, en virtud de las humillaciones de Jesús que la derramó.
Por esta Sangre, la paciencia es coronada en el Cielo, en virtud de los padecimientos que Jesucristo sufrió derramándola.
Por esta Sangre, la caridad resplandece y hace al alma que la posee semejante a los Ángeles del Cielo, en virtud de aquel Cordero inmaculado que se sacrificó en la Cruz.
Por esta Sangre, la caridad se inflama y hace al alma aceptable a Dios, en razón del amor ardiente de Jesús que quiso rescatarnos con su Sangre.
¡Oh bendita Sangre!; ¡qué tesoro eres para nosotros! Haz que todos conozcan tu valor y tu precio incomparable.
COLOQUIO
¿Quién no se maravillará, amable Jesús mío, de vuestro inmenso amor por el cual nos habéis enriquecido con tantos bienes como hallamos en los méritos de vuestra Preciosísima Sangre? En verdad que podemos decir que en este tesoro encontramos todas las virtudes: in omnibus divites facti estis in illo, como nos dice S. Pablo.
¿Qué sucederá de mí, qué mérito podré yo adquirir sin la eficacia de esa Sangre que me realza y me fortifica en todas las buenas obras? Si hallo en mí algún pequeño bien yo le debo todo a vuestros méritos: Vos sois quien me habéis redimido, quien me habéis santificado con los Sacramentos y dándome tantas gracias para practicar el bien; y todo esto, sí, todo esto en virtud de la Santísima Sangre que habéis derramado por mí y me ofrecéis cada día a fin de que por Ella pueda salvarme.
Sangre adorable de mi Jesús, te adoro de lo más profundo de mi corazón, te invoco ardientemente, tú serás mi salvación, por ti espero llegar al Paraíso.
EJEMPLO
Santa Lutgarda oyó una noche una voz que la decía: « ¿Por qué pierdes el tiempo, perezosa? Levántate, que este es el tiempo de hacer penitencia por los pecadores que duermen en las inmundicias de sus vicios.» Aterrada la Santa, se fue a la iglesia, y sobre el suelo encontró a Jesús crucificado, cuya sangre corría por todas partes, reducido por los pecadores a tan doloroso estado. Abrazó entonces la cruz, la tomó sobre sí, y aplicó sus labios a la llaga del costado; en el momento sacó de ella un licor tan delicioso, que desde entonces sintió nacer en sí un valor todo nuevo para el servicio de Dios y la práctica de las santas virtudes.
Se supo más tarde que, desde esa ocasión, conservó la santa en sus labios una dulzura más suave que la de la miel.
JACULATORIA
Padre Eterno os ofrezco la Sangre de Jesucristo en rescate de mis pecados y por las necesidades de vuestra Iglesia.
INDULGENCIA
El Soberano Pontífice Pío VII concedió cien días de Indulgencia por cada vez que se diga la anterior jaculatoria. Así consta del rescripto que se conserva en los archivos de los Padres Pasionistas de Roma.