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Significación del Octubre Misionero

 
P. Joaquín María Goiburu  
Director Nacional de Obras Misionales Pontificias- España (1968-1973)
La Jornada Mundial de las Misiones ha supuesto para el apostolado misionero un impulso formidable, difícil de superar por otros medios, tanto por su extensión como por su profundidad. Pablo VI la ha calificado, en diversas ocasiones: -"como un acontecimiento de gran relieve en la vida de la Iglesia"; -"genial intuición de Pío XI"; -"ocasión de hacer sentir su vocación misionera a la Iglesia, a nuestros hermanos en el episcopado, al clero, a los religiosos y religiosas y a todos los católicos"; -"poderosa e insustituible ayuda para las Misiones"; -"acrecentamiento de la fe tanto en las Iglesias de antigua cristiandad, como en las jóvenes Iglesias". 

Catequesis eficaz de la doctrina misionera conciliar
En el mensaje que en 1972 dirigió Pablo VI al Cardenal Renard, arzobispo de Lyon, con motivo del Congreso Internacional de las OMP, refiriéndose al "Domund", escribía: "Estas jornadas seriamente preparadas permiten a los cristianos una mirada nueva sobre las Misiones... Examinar la evangelización local y evangelización lejana en una misma pastoral misionera, cuya única fuente es Cristo". Es incalculable el bien inmenso que han ocasionado los mensajes de los Pontífices que han sucedido a Pío XI, con motivo de la celebración de esa jornada. Con razón pudo llamar a este día el Prefecto de Propaganda Fide, Cardenal Van Rossum, el Gran día de la Catolicidad.
Desde que Pablo VI inauguró su Pontificado en 1963, hasta el presente, no ha habido año en que el Vicario de Cristo no haya enviado su particular mensaje para esta jornada misionera mundial.
En cada uno de estos mensajes se presenta, en primer lugar, un tema importante sobre la actividad misionera de la Iglesia. Todos estos temas, diferentes cada año, podían muy bien formar un práctico y actualísimo Manual de Misionología, del que mucho podrían aprender cuantos están comprometidos en la promoción de la animación misionera. En segundo lugar, se recuerda a los fieles, bajo diversos aspectos, la naturaleza de las Obras Misionales Pontificias y la necesidad y urgencia en promoverlas. Son ellas el instrumento principal del que disponen el Papa y los Obispos para la cooperación misionera del Pueblo de Dios, en su doble dimensión espiritual y material. El actual Pontífice, Juan Pablo 11, ha seguido los mismos derroteros de su predecesor, haciendo de sus mensajes y discursos sobre el Domund, una profunda catequesis doctrinal sobre las responsabilidades misioneras de todos los hijos de la Iglesia y presentando a las OMP como el programa mínimo de una eficaz cooperación misional.
Coordenadas de esta jornada misionera. Existe, según la filosofía tradicional, una ley de causalidad, que conviene recordar al preparar esta jornada: "Los mismos elementos que han contribuido a dar la vida a un ser, a un organismo vivo, a una institución, son llamados también a colaborar en su desarrollo y perfeccionamiento".
Ahora bien, el "Domund" nació bajo el signo de estos caracteres distintivos: -claro universalismo misionero; -tomar conciencia del deber misionero; -colaboración intensa espiritual; -ayuda generosa material; -vinculación íntima a la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe. Ante la costumbre, tan frecuente hoy, de criticar las organizaciones eclesiales, sobre todo de origen preconciliar, hemos de responder que puede admitirse este desvío o rechazo en cuanto a aquellas instituciones u organismos que han mostrado su fracaso o su debilidad al paso del tiempo; pero no para aquellos que han visto afirmarse y potenciarse al ritmo de los años.
Si los caracteres antes expuestos han sido válidos hasta ahora, ¿por qué suprimirlos o cambiarlos? En un proverbio oriental, con dejos de delicada poesía, se dice: "Los que beben de la corriente de un gran río, deben acordarse de la fuente".

Claro universalismo misionero
Según Pablo VI, la difusión, entre el Pueblo de Dios, de la doctrina sobre el universalismo misionero, es la primera y más importante finalidad que se asignó a esta jornada desde su inicio... "Este mismo universalismo misionero ha constituido también el motivo fundamental de todas nuestras exhortaciones.... con ocasión de este Domingo Mundial Misionero de Octubre" (Mensaje Domund 1976). Los que están comprometidos en la promoción de esta jornada deben conocer las razones de estas prioridades del universalismo misionero y saber defenderlas en todos sus aspectos doctrinales, espirituales y materiales, con respuestas breves, claras, sencillas, comprensibles y convincentes.
Una objeción muy extendida, de apariencia lógica, funesta por sus resultados y resumen de todas las dificultades que se oponen a la penetración del ideal misionero, es ésta: "Las Misiones las tenemos aquí. ¿Para qué trabajar por las Misiones lejanas?"
Uno de los más célebres y eficaces propagandistas del Domund, el Obispo Fulton Sheen, director que fue en Estados Unidos de la Obra de la Propagación de la Fe, solía argumentar así contra los que calificaban de aberración el ayudar a las Misiones lejanas, cuando dentro de la nación o Diócesis, había tantas necesidades por remediar:
"La Diócesis, la Parroquia o el individuo que prefiere gastar todas sus energías en casa, antes de emplearlas en las Misiones lejanas, es semejante al que, temiendo un empobrecimiento del corazón por el fluir de la sangre hasta las extremidades del organismo, levanta barreras para detener la sangre en el corazón. Este tal, bien pronto advertirá que las manos y los pies quedan paralizados y que también el corazón se debilita. Del mismo modo, el Cuerpo Místico de Cristo tiene cecesidad de que se haga correr la sangre hasta las partes más lejanas del organismo, para que vuelva más enriquecida al corazón. La parte derecha e izquierda del corazón no tienen comunicación directa entre sí. Solamente pueden comunicarse enviando la sangre a través de todo el cuerpo. De esta manera habrá unión y comunión entre todos los cristianos. Sólo cuando haya unión con todos los miembros del Cuerpo Místico, a través del mundo entero, podrá verificarse la plena renovación de la Iglesia".

Concienciación del deber misionero
Debemos aprovechar el " Domund " para formar la conciencia de los grupos cristianos a los que estamos vinculados. Quien estudie con detenimiento los textos conciliares, echará pronto de ver el avance positivo que ha supuesto el Concilio en este aspecto, en comparación con lo que antes se pensaba y practicaba entre no pocos cristianos, que se decían amigos de las Misiones. El Padre Arrupe, general que fue de la Compañía de Jesús, en una acertada intervención en el Aula conciliar, señaló concretamente los antiguos defectos: "Cierto infantilismo, derivado también de las informaciones misioneras que iban destinadas más bien a los niños que a los adultos. Sentimentalismo, fijándose preferentemente en los problemas del dolor y la miseria, descuidando otros más graves y urgentes. Complejo de superioridad contra el sentir cristiano, demostrando ignorancia de los valores religiosos y culturas de aquellos pueblos. Miopía, por agrandar los propios problemas de su país, Diócesis o Parroquia, y empequeñecer los de la Iglesia misionera, en el mundo no cristiano. Superficialidad en la valoración de las personas de los Misioneros y de sus métodos y resultado en su heroico apostolado ... " Conforme a la doctrina conciliar, el deber sagrado de la cooperación misionera hunde sus raíces en la misma vida Trinitaria; en la voluntad salvífica del Padre; en la virtud redentora del Hijo; en la naturaleza misionera de la Iglesia, vivificada y santificada por el Espíritu Santo. Cimientos inconmovibles son éstos, que recuerdan la parábola del divino Maestro sobre la "casa cimentada en la dura roca", no como la otra edificada sobre la arena.
Aspectos sobrenaturales de la cooperación misionera. "Debe ser fundamentalmente sobrenatural, apoyada esencialmente en la gracia, en la liturgia, en la oración privada, sobre el valor expiatorio y satisfactorio del dolor unido al de Cristo" (cf. tema 26: La espiritualidad de las OMP).

Propaganda moderna e inteligente
Fijándonos más concretamente en la organización propagandística de esta jornada de octubre, en el deseo de realizarla de la mejor manera posible, no podemos dar de lado al progreso y perfección que hoy ha alcanzado la llamada tecnología de la propaganda; nueva ciencia que cuenta en algunos países con rango universitario. Bueno fuera que las direcciones nacionales o los centros diocesanos de OMP, sobre todo con ocasión de esta ' jornada misional, invitaran a personas que conociesen más a fondo estas técnicas propagandísticas, para asesorar a nuestros colaboradores y renovar un poco los antiguos métodos.
Al comenzar la preparación del " Domund ", debernos revisar el nivel alcanzado por nuestros métodos de propaganda: Instrumentos de que disponen los propagandistas, exposiciones, revistas, carteles, pegatinas, folletos, globos, octavillas, proyecciones, cine, cassetes, vídeos... Comparémoslos con los que usan otras instituciones más a compás de los tiempos. Nunca creamos que nuestros actuales métodos son los mejores; porque siempre serán perfectibles, en función de una mayor eficacia pastoral, Una propaganda inteligente será siempre una propaganda más persuasiva.
Un pobre ciego se sienta en la escalinata de la Magdalena en París. Lleva colgado del cuello un cartel, con el acostumbrado letrero "Ciego de nacimiento". En aquel día de bella primavera, llegan ante el mendigo dos jóvenes. Uno de ellos, norteamericano, es graduado en propaganda. Ha venido a Francia en visita de inspección a la sucursal de la Compañía multinacional a la que pertenece. Se fija el profesional en las palabras del cartel y en su platillo vacío y dícele a su compañero: "Verás como se llena de monedas la bandeja, ahora vacía. Basta con cambiar las palabras del cartel", Y en vez de Ciego de nacimiento, escribe: Tú ves la primavera, yo no. Aquella sola mañana el ciego recogía más limosnas que en toda la semana anterior.
No queremos simplemente dinero. No debemos considerar la limosna del "Domund" como una ayuda puramente material. La limosna, aunque no cuenta hoy con muchos apologistas en la prensa de nuestros días, tiene a su favor la palabra revelada, que la colma de calurosos elogios. Y es que la limosna no se mide por la cuantía material, sino por el amor con que se entrega... ¿No es el amor el que transforma la limosna en la virtud teologal de la caridad? (cf - tema 23: La limosna misionera). Si recordáramos con frecuencia al pueblo creyente esta inefable verdad evangélica: "Todo cuanto hacéis a estos pequeñuelos, es a mí a quien lo hacéis"; si lográramos grabar en su mente y en su corazón la certidumbre de que por esta ley seremos principalmente juzgados después de nuestra muerte, convertiríamos la jornada misionera en un auténtico ejemplo de generosidad cristiana. ¿Por qué no lo intentamos.... comenzando por nosotros mismos?

El "Domund" no es cosa de un día... 
Es labor de todo un año. Hasta hace pocos años no era infrecuente considerar la cooperación a las Misiones como cuestión de un solo día al año... Pasado el "Domund", ya podían los propagandistas cruzarse de brazos en el quehacer misionero, hasta la celebración de la siguiente jornada anual. Así como la celebración del día del amor fraterno en el jueves santo no supone amar al prójimo necesitado en ese sólo día, sino que obliga a hacerlo durante todos los días del año; también el deber misionero nos fuerza a cumplirlo durante las 365 jornadas del calendario.
Hay un importante documento posconciliar, el Motu Proprio Ecclesiae Sanctae, que aplica a la práctica pastoral los principios y normas del Concilio Vaticano 11. Dice así, refiriéndose al Domund: "Para aumentar el espíritu misionero en el pueblo cristiano, foméntense las oraciones y los sacrificios diarios, de suerte que el día anual de las Misiones venga a convertirse en símbolo espontáneo de este espíritu."
Así lo practicaron los asociados a la Obra de la Propagación de la Fe durante el pasado siglo. Así, ahora también, comienzan a practicarlo en algunas Diócesis de Estados Unidos... Y no solamente orando todos los días por la Iglesia misionera, sino con entrega diaria de pequeñas cantidades de dinero, como fruto de sacrificios continuos.
Estas pequeñas limosnas diarias, con el tesoro de las oraciones y sacrificios, se acumularán en las ofrendas del "Domund", haciendo de esta jornada anual el exponente máximo de nuestro diario deber misionero. Para que un país, una Diócesis, una Parroquia o comunidad local pueda decirse misionera, no basta con que en ella se celebre, de la mejor manera posible, una vez al año, la jornada misional de octubre. Es menester que esa ' jornada se considere como integrada vitalmente en un plan anual de pastoral misionera.

Todo el mes de octubre, "misionero"
Hoy, por desacralización de los días festivos, en los que comienzan a despoblarse las grandes ciudades en búsqueda de un descanso en el trabajo, o de un ambiente menos contaminado, van quedando los templos vacíos, con peligro de que los actos litúrgico-pastorales vayan declinando. La propaganda tradicional en esta jornada y las peticiones de ayuda espiritual y material para las Misiones están abocadas a un gran fracaso, si no se buscan soluciones adecuadas. Es ésta una poderosa razón por la que conviene extender la celebración de esta jornada misionera a una semana entera, y, mejor aún, como se practica en Italia, a las cuatro semanas del mes.
La primera semana se dedica a intensificar la oración misionera (celebraciones litúrgicas, horas santas, rosarios, etc.)
La segunda semana se promueve de manera especial el sacrificio y el dolor por las Misiones (labor callada de propaganda, penitencias voluntarias visitas a enfermos para invitarlos a ofrecer sus dolores por la causa misionera, etc.)
La tercera semana (que termina con la fecha del "Domund") se concreta en la caridad (propaganda activa, organización de la colecta por medio de sobres, de huchas, de mesas petitorias, etc.)
La cuarta semana se destina a promover la acción de gracias por la fe recibida y como digna respuesta, la oración y la acción práctica por el fomento de nuevas vocaciones misioneras, salidas de la propia comunidad eclesial. 
      
Vinculación con la Obra de la Propagación de la Fe
La Obra de la Propagación de la Fe está vinculada a esta jornada anual por su origen, por su promoción y por la recogida y distribución de las ofrendas recibidas. Pablo VI ha recordado diversas veces en sus mensajes esta estrecha vinculación: "A la Obra de la Propagación de la Fe corresponde el honor de haber propuesto a nuestro gran predecesor Pío XI en 1926, la feliz iniciativa de establecer la jornada anual en favor de la actividad misionera de la Iglesia. Ella ha recibido también el oneroso cometido de promover y organizar, con el concurso de las otras Obras Misionales Pontificias, y bajo la dirección de los Obispos, esta jornada anual, y la de distribuir a las Misiones las ofrendas en ella donadas por la caridad del mundo católico".
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